viernes, 16 de febrero de 2007

ganar, GAnar, GANAR


¿Qué sentido tiene participar en una competencia, si desde un principio se conoce que el triunfo es de otro?... se sobre entiende que aunque se reconozcan las cualidades del rival, en el fondo lo que siempre se desea es ser el ganador absoluto. Desde los tiempos de Caín y Abel el ser humano se ha basado en la competencia, en ser superior a los demás y lo que es peor a pesar de los demás. Tal sentimiento de supremacía no nos puede alejar del nacimiento de la envidia, ese sentimiento que no nos permite alegrarnos con los triunfos de los demás.

Si el mundo de hoy se basa en las diferentes competencias, es lógico que no exista pues la fidelidad, ni la lealtad, puesto que nuestro objetivo es aniquilar al otro, y como dice el viejo adagio popular “En la guerra y en el amor, todo se vale” y como el hombre se vive debatiendo siempre entre lo bueno (el amor) y lo malo (la guerra), podríamos entonces deducir, que en todo momento todo se vale, lo cual es cierto, porque también conocemos que “El fin justifica los medios”, confirmando entonces que no debemos escatimar en nada para obtener lo que nos proponemos, así sea pasando por encima de los demás, lo importante será siempre obtener el éxito despertando la envidia en los demás, nunca en nosotros mismos.

Pero me pregunto, ¿No es acaso el triunfo un motivo de celebración?, ¿Es entonces motivo de celebración, que los demás me tengan envidia? No lo tengo muy claro aun, pero no creo que para llegar a éxito sea necesaria tanta desolación, “amanecerá y veremos”…

2 comentarios:

Carlos Loaiza dijo...

Si..... de nada sirve ganar si dejamos a nuestro paso desolación.... ¿será que nos gusta la soledad del poder??? Hummm.... eso hay que revaluarlo.... la vida NO es así.... ya verás este viernes....

Camilo Imagina dijo...
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